Lluvia, salitre y humo: climas que pintan
En la costa cantábrica, la humedad alimenta líquenes que tramitan verdes foscos, irresistibles ante la luz gris. Más al interior, el humo antiguo dejó veladuras en portales que oscurecen la cal y hacen vibrar el encuadre. Cuando el sol irrumpe tras la tormenta, las gotas pendientes de las rejas multiplican destellos. Cada clima decide su paleta, y el fotógrafo aprende a esperar la combinación justa de bruma, fulgor y penumbra.