El agua en niebla reblandece depósitos sin empapar; la microproyección a baja presión, con áridos redondeados y granulometría ajustada, retira costras sin borrar microrelieve. Protocolos españoles insisten en pruebas previas, control de conductividad del agua y tiempos de descanso. La meta no es blanquear, sino devolver textura legible, dejando que la luz vuelva a engancharse delicadamente en granos y molduras antiguas.
La limpieza láser, bien calibrada, extrae depósitos oscuros en molduras y esculturas sin contacto físico. Ensayos de umbral, barridos cruzados y documentación fotográfica garantizan control. En manos expertas, respeta pátinas y rebarnices antiguos, liberando aberturas de sombra que parecían perdidas. Es un bisturí de luz que devuelve contraste sin añadir brillos extraños, manteniendo el relato táctil que la fachada susurra al transeúnte.
Etilsilicato, nanolimas o inyecciones de cal se eligen por compatibilidad, profundidad de penetración y capacidad de no crear costras vítreas. La prioridad es sostener el grano, no engomarlo. Tras consolidar, una veladura mineral ajusta óptica y uniformidad. En España, la regla de oro exige reversibilidad razonable y permeabilidad al vapor, para que luz y humedad sigan negociando sin barreras que traicionen el comportamiento original.